Los imaginarios juegos en el bosque que propone Claudia Anselmi no son nada triviales. Son juegos muy rigurosos. Conste que dije rigurosos y no serios, ni solemnes, nis circunspectos. La magia, el prodigio, excluyen siempre la presencia de esas hadas agrias que recién mencionase. La magia de la buena, la que nace de la maravilla y el asombro atravesando los hastíos de la realidad, nunca es seria. El prodigio, ese estado esquio que ilumina fugazmente el alma, nunca es solemne, nunca tiene que ver con pomposas galas ni con ceremoniales extraordinarios. Ocurren en los territorios tenues, casi inasibles de lo poético. La fascinación honda, duradera, nunca es circunspecta. Nunca es prudente ni se esconde tras la aturdida coraza del decoro, de la corrección opresiva y molesta. Pero, quizás una de las notables ventajas de los juegos que ofrece Claudia Anselmi es que, además, los desdramatiza.

Alfredo Torres
Curador


LOS JUEGOS EN EL BOSQUE
Dodecá
2011